martes, 4 de diciembre de 2007

Se agachó frente a su reflejo, el vidrio sólo le devolvió aquello que le había brindado a la vida: una mirada vacía e impotente. El gran ventanal y el lago. Nadie en ninguna de las orillas, ni ella aquí, que ya no era. Sentia la falta de la energía vital que segundos antes la invadía, tras el torbellino el silencio y el ahogo. El vomito, la enfermedad. No quiso huir, ya no correría a ninguna parte. Los vasos permanecerían vacíos, como esa mirada que le devolvía penuria. Cerró los ojos y se vió corriendo, riendo, soñando, soñandose feliz y soñandose soñando. Eso era ella y ella era eso que abría los ojos y reflejaba azul. Sol y Luna. Cielo y Tierra. Amor, No-amor. Odio y Paz. Cuchillo y almohadón. Ya no tomaría ninguna mano como soga, ya no posaría cuerpos como puentes, ya no convertiría las palabras en antídotos. Ningún grito ni lágrima la devolvería tras el estallido a la cima, ya no quiso ser cumbre ni vacío. El equilibrio, si existía, vendría también de tolerar el sufrimiento.

1 comentario:

Corazón Desaparecido dijo...

¿El equilibrio existe en la realidad? o será solamente un punto ideal - completamente arbitrario - que fijamos en un espacio que es pura confusión, y que prentendemos, quizás, alcanzar algún día, para sentirnos menos enfermos.

mis saludos desde el purgatorio.

Pd: ¿ud. hace todo lo que dice que va hacer? XD!